sábado, diciembre 5, 2020
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Antonio Pigafetta: El reportero exclusivo de Magallanes

Los patagones, según Antonio Pigafetta

“Yo, Antonio Pigafetta, nacido en la ciudad italiana de Vicenza, fui uno de los dieciocho hombres que hizo el primer viaje alrededor del Globo junto al valeroso capitán Magallanes. Había leído en los libros las cosas maravillosas que se ven navegando por los océanos y quería comprobar con mis propios ojos si eran ciertas”.

Italiano intelec­tual y aventu­rero, conocido por sus estudios en astronomía, geografía y carto­grafía, conoció el astrolabio y el uso del imán como brújula. Viviendo en España, conoce el proyecto de Magallanes y, dada su natu­raleza audaz y curiosa, se postula como cronista de la expedición y es aceptado. Su relato de los hechos (Relazione del primo viaggio intorno al mondo (1524) es la fuente principal de información so­bre el viaje de Magallanes. Estos son al­gunos fragmentos de su increíble relato.

Introducción

El capitán general Frenando de Maga­llanes había resuelto emprender un largo viaje por el Océano, donde los vientos soplan con furor y donde las tempestades son muy frecuentes.

A los peligros naturalmente inherentes a esta empresa, se unía aún una desventaja para él, y era que los comandantes de las otras cuatro naves, que debían hallarse bajo su mando, eran sus enemigos, por la sencilla razón de que eran españoles y Magallanes portugués.

Patagones

Alejándonos de estas islas para continuar nuestra ruta, alcanzamos a los 49° 30’ de latitud sur, donde encontramos un buen puerto; y como ya se nos aproximaba el invierno, juzgamos conveniente pasar ahí el mal tiempo. Transcurrieron dos meses antes de que avistásemos a ninguno de los habitantes del país. Un día en que menos lo esperábamos se nos presentó un hombre de estatura gigantesca. Estaba en la playa casi desnudo, cantando y danzando al mismo tiempo y echándose arena sobre la cabeza. (…) Este hombre era tan alto que con la cabeza apenas le llegábamos a la cintura. El comandante en jefe mandó darle de comer y de beber, y entre otras chucherías, le hizo traer un gran espejo de acero. El gigante, que no tenía la menor idea de este mueble y que sin duda por vez primera veía su figura, retrocedió tan espantado que echó por tierra a cuatro de los nuestros que se hallaban detrás de él. Le dimos cascabeles, un espejo pequeño, un peine y algunos granos de cuentas; en seguida se le condujo a tierra, haciéndole acompañar de cuatro hombres bien armados. (…)

Quiso el capitán retener a los dos más jóvenes y mejor formados para llevarlos con nosotros durante el viaje y aun a España; pero viendo que era difícil apresarlos por la fuerza, usó del artificio siguiente: dioles gran cantidad de cuchillos, espejos y cuentas de vidrio, de tal manera que tenían las dos manos llenas; en seguida les ofreció dos de esos anillos de hierro que sirven de prisiones, y cuando vio que deseaban mucho po­seerlos (porque les gusta muchísimo el hierro) y que por lo demás no podían tomarlos con las manos, les propuso ponérselos en las piernas a fin de que les fuera más fácil llevárselos: consintieron en ello y entonces nuestros hombres les aplicaron las argollas de hierro, cerrando los anillos de manera que se encontraron encadenados. (…) Nuestro capitán dio a este pueblo el nombre de patagones.

Colección Aventureros y Pioneros Magallanes y Elcano