miércoles, noviembre 25, 2020
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Una revolución obrera en el Atlántico Sur

En 1920, los balleneros de las Georgias se sublevaron y proclamaron una “revolución bolchevique”, conservando el poder durante diez días.

La región austral tiene una fecunda historia de luchas obreras, aunque no son muy conocidas. En las últimas décadas, hubo intentos de historiadores y pe­riodistas por sacar a la luz esas con­frontaciones sociales.

En Punta Arenas se gestó una po­derosa fracción de la oligarquía argen­tina. Los estancieros se enriquecieron aceleradamente ocupando las tierras y exterminado a los nativos.

Ese desarrollo convocó a miles de trabajadores. No llegaron solos, mu­chos de ellos trajeron consigo su re­beldía. Su capacidad de organización les permitió superar las dificultades climáticas y generar las inéditas mo­vilizaciones y huelgas de la Patagonia Rebelde y hasta una reedición de la Comuna de París en Puerto Nata­les. Ese proceso llegó a ser calificado como “el más importante proceso de lucha social de América Latina”.

En los últimos meses se sumó un nuevo hecho a esa legendaria historia, al conocerse la rebelión de los ballene­ros y su “revolución socialista” en las Georgias del Sur.

 

 

Una factoría ballenera en el Atlántico Sur

A mediados del siglo XIX, los navegantes del hemisferio norte des­cubrieron que existía una enorme ri­queza virgen en los mares australes. Llegaron decenas de barcos para con­vertir en aceite a millones de cetáceos y lucrar con el abastecimiento de las luminarias de las ciudades europeas y norteamericanas.

La depredación de lobos y elefan­tes marinos fue tan grande, que en po­cos años desaparecieron enormes co­lonias que habían perdurado durante milenios. Luego, los cañones apunta­ron hacia las numerosas ballenas.

En las aguas del Atlántico Sur se encontraba, entre otras, la famosa ba­llena azul de 150 toneladas de peso. Con el aceite y otros subproductos extraídos se podía “ganar 2.500 li­bras” por ejemplar (1). En 1912 varó en Grytviken el mayor cetáceo jamás capturado: una ballena azul que me­día 33,58 metros (2).

Las Georgias del Sur están ubicadas a 1.300 kilómetros de las Islas Malvi­nas y a 1.700 de Tierra del Fuego, y en el mismo paralelo que Ushuaia. Allí se desarrolló el centro de operaciones

ballenero del Atlántico Sur.

En 1904, la Compañía Argentina de Pesca (CAP) -una sociedad entre la empresa argentina de Ernesto Tor­nquist y capitales noruegos- se insta­ló en Grytviken con dos veleros, a los que posteriormente sumó una veinte­na de barcos. Ese año pudieron cap­turar 195 cetáceos. Pero, en algunas temporadas, se llegaron a procesar 95.000 ballenas.

Hubo varios centros productivos: Grytviken fue el primero y perma­neció activo hasta 1965; y luego es­tuvieron Leith (1909-1933), Prince Olav (1916-1934), Stromness (1912- 1931), Nueva Fortuna (1909-1920) y Godthul (1908-1929) (3).

 

Una factoría con más de mil obreros

La actividad ocupaba a muchos operarios, un porcentaje menor y cali­ficado en la pesca, y una participación menos especializada pero bastante mayor, involucrada en elprocesa­mientoLos obreros que participaban en esas “duras tareas”, se integraban a la industria por “distintos incentivos, en primera instancia algunos conti­nuaban la tradición de sus orígenes o de sus familias, una mayoría se unía por el atractivo de los buenos salarios, y otros se sumaron tomando en cuen­ta que las condiciones de trabajo se habían vuelto menos rígidas, mejor organizadas al operar en flotillas, con apoyos de radio, médicos, etc.” (3).

La gran mayoría de los balleneros eran noruegos. La población oscilaba entre un millar de habitantes en el ve­rano (llegando a unos dos mil en cier­tas temporadas) y unos doscientos en invierno. Predominaron los nórdicos pero también se sumaron argentinos, chilenos y uruguayos.

La elevada rentabilidad de la in­dustria permitía pagar excelentes sa­larios y en Grytviken se podía gozar de una vida confortable. Algunos trabajadores de las factorías vivieron en el lugar con sus familias. La aldea contaba con cine, cancha de fútbol, iglesia, hospital, panadería, carnice­ría, estación de radio, biblioteca, tres muelles, un dique flotante y una usina hidroeléctrica. También operaron tra­yectos ferroviarios para el transporte de cargas.

La CAP llegó a producir mil barri­les de aceite diarios, además de proce­sar la carne, los huesos y otros subpro­ductos de las ballenas.

 

La revolucion más austral del mundo

De las luchas libradas por los obreros patagónicos, en las primeras décadas del siglo XX, existen testi­monios y literatura que aportaron a su conocimiento. Pero, hasta ahora se ignoraba lo ocurrido, en esa mis­ma época, en Grytviken.

 Pablo Fontana publicó reciente­mente un libro que aborda la pugna de las grandes potencias y la política de Argentina y Chile en la Antártida, en­tre 1939 y 1959. En un capítulo de ese trabajo, el investigador del CONICET dio detalles de la ignorada sublevación obrera ocurrida en las Georgias.

“A principios de 1920 en Gryt­viken, a poco más de dos años de la Revolución de Octubre en Rusia, un grupo de treinta y seis trabajadores contratados en Buenos Aires organizó una huelga en la que se sumaron dos­cientos trabajadores del lugar, salvo tres a los que se consideró expulsar de la isla. Los huelguistas amenazaron con atacar a las autoridades británicas y declarándose bolcheviques intenta­ron instaurar un gobierno siguiendo el modelo soviético bajo ideales mar­xistas además de plantearse como objetivo la organización de todos los trabajadores balleneros del mundo. Los revolucionarios lograron hacerse del poder en la isla…” (4).

El historiador amplió los detalles de lo ocurrido: “Esa historia es impre­sionante y se sabe poco de ella. Solici­té documentos al archivo histórico en Puerto Argentino, donde se explica que el conflicto” con la CAP “se ori­ginó porque los trabajadores exigían que les pagaran en moneda argentina, entre otras mejoras. Al no recibir res­puesta, decidieron nada menos que tomar el poder en la isla, declarán­dose ‘bolcheviques’, y proclamaron la ‘primera república socialista fue­ra de Rusia’. Tomar el poder en ese contexto para los 200 trabajadores no debe haber sido muy difícil. Allí había un gerente noruego y una autoridad británica -una suerte de juez de paz -quienes dejaron testimonio de haber­se asustado mucho cuando los traba­jadores se pusieron violentos al no re­cibir respuestas. El poder lo tuvieron por unos diez días, hasta que llegó por casualidad un crucero de guerra britá­nico…” (5).

El 17 de enero de 1920, “el crucero británico HMS Dartmouth comandado por el capitán H. W. W. Hope arribó a Grytviken y envió un grupo de ma­rinos armados bajo el mando del te­niente Moon que reprimió y desarmó a los trabajadores. Los líderes de esta pequeña revolución comunista fueron deportados el día 21 en dos arpone­ros a territorio continental argentino. Los trabajadores de las Georgias del Sur quizás con la experiencia de la “Semana Trágica” de enero de 1919, fueron de esta forma la vanguardia desconocida que se adelantó a los eventos de la Patagonia Rebelde” (4).

Fontana constató que luego de ha­ber sofocado la rebelión “los líderes fueron expulsados a Buenos Aires. No existe información clara sobre quienes fueron” (5); como tampoco sobre la represión y las consecuencias que pudieron sufrir al llegar al país.

El joven historiador procura avanzar sobre esos detalles ocultos: “Contacté a historiadores noruegos de la industria ballenera que me van a facilitar los nombres de aquellos huelguistas, a ver si alguno tuvo par­ticipación en las luchas obreras del continente y si existe relación entre los tres episodios (La Patagonia Re­belde, la Semana Trágica y la sublevación en Georgias)” (5).

Más allá de lograr estas precisiones, la revelación permite mensurar la magnitud de la rebeldía obrera existente, que llegó a manifestarse hasta en las puertas de la Antártida.•

 

NOTAS:

(1) Destefani, Laurio H. Malvinas, Georgias y Sánd­wich del Sur, Edipress, Buenos Aires, 1982.

(2) http://www.navegar-es-preciso.com/news/islas­georgias-del-sur/.

(3) La actividad ballenera. www.histamar.com.ar.

(4) Fontana, Pablo. La pugna antártica, Guazuvirá Ediciones, Buenos Aires, 2014.

(5) Entrevista a Pablo Fontana publicada en Pági­na/12 el 15 de diciembre de 2015.